El Tarot no tiene que decirle al consultante qué va a pasar; puede ayudarle a ver qué le está pasando, qué patrón está repitiendo, qué no está viendo y qué puede hacer con ello.

Imagen
 1. El Tarot como espejo, no como sentencia Esta probablemente sea la idea fundamental: «Cada Arcano, siendo un espejo y no una verdad en sí mismo, se convierte en lo que ves en él.» La carta no tiene necesariamente una respuesta objetiva que el tarotista posee y el consultante desconoce. La imagen provoca asociaciones, emociones, recuerdos, resistencias y proyecciones. Por tanto, la pregunta deja de ser: «¿Qué significa esta carta?» y pasa a ser: «¿Qué está viendo esta persona en esta carta y qué le está mostrando eso de sí misma?» 2. La proyección como herramienta de autoconocimiento La persona mira una carta y puede decir: —«Ese hombre me parece arrogante.» —«Esta mujer me produce rechazo.» —«El Diablo me da miedo.» —«La Torre me parece horrible.» —«Ese personaje está atrapado.» Y ahí tienes muchísimo material. Porque puedes preguntarle: «¿Qué es exactamente lo que te molesta de él?» Y después: «¿Hay algo de eso que reconozcas en ti?» No estás afirmando que la persona sea aquell...

4 de abril – S. Isidoro de Sevilla

 


San Isidoro está venerado como santo patrón de humanistas: filólogos, filósofos, historiadores, geógrafos, topógrafos y geodestas. Incluso es venerado como santo patrón de Internet.

Los puntos principales de la filosofía de S. Isidoro son:

La Filosofía es el conocimiento de las cosas divinas y humanas: filosofía natural o física, filosofía moral y filosofía racional o lógica.

En la Filosofía se debe distinguir la parte científica o la ciencia, que es conocimiento cierto de la cosa, y la opinión, o conocimiento incierto y meramente probable.

Por medio de las cosas finitas y creadas, venimos en conocimiento de la existencia y de los atributos de Dios, el cual es el Sumo Bien, y en el cual existen de una manera substancial, a la vez que simplicísima, la belleza, la omnipotencia, la eternidad y la inmensidad.

En Dios no hay presente, pasado ni futuro, y su eternidad contiene y precede todos los tiempos. Esta eternidad es consecuencia lógica y necesaria de la inmutabilidad absoluta de Dios, cuya substancia excluye toda mutación, y cuyos actos y determinaciones son libres, sin dejar de ser eternas. Cuando produce o crea en el tiempo alguna cosa, la mutación sólo tiene lugar en la cosa producida, pero no en la voluntad inmutable y eterna de Dios.



El hombre ocupa lugar eminente entre las criaturas: es el fin próximo y parcial de la creación, y el ser que más se asemeja al Creador. Es un animal compuesto de alma y de cuerpo viviente, dotado de razón, de libre albedrío, y capaz de vicios y virtudes.

El alma racional no es parte de la substancia divina, ni trae su origen de la materia, sino que es incorpórea y espiritual, creada de la nada por Dios, e inmortal.

Este mundo visible, compuesto de cielo, tierra, mares y estrellas, se llama mundo porque está siempre en movimiento y porque sus elementos están sujetos a perpetuas mutaciones o cambios de ser y de obrar. Fue creado o sacado de la nada por la omnipotencia de Dios, en todas sus partes, incluida la materia que entra en su composición.

El origen del mal es el defecto o malicia de la voluntad; pues la naturaleza y la voluntad, consideradas en sí mismas, son buenas, como lo son también todas las substancias creadas; el mal, como tal y considerado en sí mismo, no es naturaleza o esencia.


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